El fin de semana estaba pronosticado cargado de emociones. El viernes por la tarde viajábamos a Cali, pero antes yo tenía mil cosas por hacer y dejar listas. Una y la más importante era terminar el Calendario de Adviento, para que cuando regresamos el domingo 1 de diciembre estuviera listo para abrir la primera sorpresa. Así que la mañana del viernes arme los bolsos de los chicos para el viaje, compre los dulces y en 1 hora me puse a hacer 24 sorpresas, con dulces, juegos y cosas que se me fueron ocurriendo en el camino. No crean que inventarse 24 paquetitos no es cosa fácil. Además como es el primero que arme, lo hice de forma desordenada, tomaba un regalo y pensaba para que día podía servir, así que al final no recuerdo que hay en cada sobre. Eso es bueno ya que será una sorpresa para mí también. A las 12 había terminado.
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Ahora me tocaba hacer un almuerzo super rápido, así que me decidí por fideos con manteca, es más que sencillo, rápido y siempre les encanta. Tocaba bañarse, almorzar, tomar la maleta y salir corriendo para la terminal.
Por supuesto no antes de leer mi clase de MeeryClick ya que el fin de semana se iba a poner difícil leer las clases que me faltaban. Anote todas las recomendaciones en mi cuadernito viajero, cargue las baterías de la cámara, limpie las tarjetas y todo listo para el viaje. Pensaba hacer mil fotos en Cali, las luces, los centros comerciales, la familia, las compras, etc. varios.
Llegamos a Cali por la tarde-noche así que fuimos directo a casa de los tíos a visitar al primito más pequeño de la familia. Y el abuelo como siempre, anda cargando un regalo, así que les dio a mi pequeño y a su primo el primer regalo de navidad, un auto naranja para mi chiqui y rojo al primo.

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Cenamos y a la cama. Sábado por la mañana partíamos al centro comercial de compras.
No se como será en otros países pero aquí en Colombia es muy importante que el día de Navidad y Aó Nuevo uno este estrenando ropa. Así que ese es el primer ritual para empezar el mes más familiar y festivo del año: comprar el atuendo que uno va a ponerse ese día.
Así que después de bañarnos todos, vestirnos, desayunar, cosa que tardo más o menos 2 horas, sin contar que éramos 8 para alistarnos y salir, logramos montarnos al coche y partir.
 El calo de Cali por suerte todavía no estaba en su punto más fuerte, ya que estaba nublado y corría un vientito suave muy rico. Llegamos con el centro comercial casi vacío así que pudimos recorrerlo tranquilos, pero a media mañana se iba llenando de gente cargada de bolsas, que estaban allí para los mismo que nosotros, aprovechar las mil y una ofertas y descuentos.
 Ahora sí, todo el plan que me había echo de tomar mil fotografías quedo en el suelo. Con 3 niños que debían provarse ropa, zapatos, poner una y sacar otra, que sí les gustaba, que no, que no era la talla, que más grande, más chico y mil vueltas más, la verdad ni me acorde que tenía la cámara lista en el bolso. Y la verdad de las verdades, el centro comercial no se esmero mucho en la decoración, una estrella por acá, una por allá, alguna que otra lucecita y nada más.
 Así, cuando logre sentarme un rato a descanzar, mientras los abuelos buscaban algunas cosas más, ahí si recordé la cámara y la saque, tratando de que los chicos que estaba super cansados, pusieran cara de algo que no fuera aburrido, ojo como dice Jackie, no los hice posar pero trataba de tomarlos aunque sea con una sonrisa.
 
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El domingo por suerte volvimos a visitar a los tíos y los chicos pudieron disfrutar de la piscina, yo desde afuera ya que me olvide de meter el traje de baño en el bolso, muerta de calor, sudando y sin poder meter un pie en el agua. Aunque ellos los disfrutaron bastante.
Un almuerzo colectivo familiar bien fresquito que acompañe el calor soportable de Cali y a montarse en el auto para la vuelta. El abuelo por supuesto durmió su siesta para poder manejar las 3 horas que separan Cali de Popayán. No pude hacer ni una foto de la vuelta, por que entre el apretón y el calorcito nos quedamos todos dormidos. 
De las luces de Cali se las debo por que las prendían la noche que nos vinimos y no alcanzamos a verlas, aunque por lo que pudimos percibir serán mucho más austeras este año.
Y por supuesto al llegar abrimos la primera sorprecita del Calendario de Adviento, chocolatinas para empezar un dulce mes.
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